“Me siento más libre desde que me convertí al Islam”

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Cuando Olesya Brazhikov llegó desde Rusia a Estados Unidos en 2008, no solo trajo sus pertenencias y conocimientos en lingüística, también, vino llena de dudas sobre su espiritualidad. Esas preguntas fueron respondidas en Nueva York donde se convirtió al Islam.

Pese a que en Rusia el Islam es la segunda religión con más fieles, Oleysa sostiene que en su entorno no era “bien visto” convertirse del cristianismo a esta religión que en los últimos años ha sido relacionada con el terrorismo.

Su camino al Islam empezó mientras estudiaba y compartía con unos amigos de Estados Unidos que eran protestantes. Le llamó la atención que ellos proclamaban la idea de que uno podía tener una vida espiritual o una relación con Dios “sin intermediarios”.

Ya en Nueva York, empezó a compartir con gente de origen musulmán y pese a que se alejaba un poco cuando ellos intentaban hablarle de sus creencias, cuando estaba sola empezó la lectura del Corán a través de internet, libro sagrado de esta religión.

“Pronto quise una copia del Corán desde Rusia y le dije a mi mamá que le diera plata a un amigo y él me lo compro. Pese a que mi amigo compró otros libros y trató de ocultar el Corán, mi mamá se dio cuenta y me preguntó pero yo evadí su pregunta”, recuerda.

Brazhikov, quien es profesora y traductora, empezó a leer el Corán con miedo y queriendo comprobar que estaba errado, como evitando que cada letra de este libro la sedujera, sin embargo, cuando empezó a entender cada pasaje “encontró paz” y la respuesta a sus preguntas.

“Fue una cosa muy fuerte, como si alguien te dijera qué es lo que debes hacer. Es imposible explicarlo”, recuerda con emoción.

Aunque seguía dudando y hasta se recuerda a sí misma en el metro de Nueva York leyendo al tiempo la Biblia y el Corán, esa voz la superó y semanas después asistió a una ceremonia en una mezquita y empezó a usar el hiyab.

“Le comenté a mi mamá y ella dijo que no había problemas porque al principio creyó que se trataba de un capricho pero cuando volví a Rusia y me vio con el pelo cubierto, fue muy duro para ella”, dice.

Su liberación como persona

Una de las cosas en las que más encuentra desinformación Oleysa es en el temor de que la mujer pierde su identidad cuando decide usar el hiyab o convertirse al islam.

“Me siento más protegida. Incluso, cuando voy por la calle me siento como una reina porque todo el mundo te respeta”, agrega.

Esta es su decisión y fue el camino que tomó informada, y eso la hace una especie  de libertad que, según ella, antes no tenía.

“El argumento es evitar que piensen en ti solo en vía sexual y está bien porque tanto hombres como mujeres usamos una especie de protección. Si salgo a las calles si hiyab es como si saliera desmaquillada, como cuando sales sin algo que necesitas para sentirte bien contigo misma”, añade.

Sobre debates como el que se dio hace poco en Francia, sobre la prohibición del uso del hiyab, argumentado que este país es un estado laico, dice que esto atenta contra los derechos humanos.

“Estoy segura de que hay otras razones más allá de la igualdad. Esto solo es lo que le muestran a la gente”.

No solo el prejuicio contra las mujeres musulmanas está “desinformado” según ella, quien es una mujer independiente y se mueve con total libertad por la ciudad de Nueva York, también dice que en general con la coyuntura de definir a cualquier musulman como terrorista se denota una desviación de los discursos

“Tu no puedes llamarte musulman y ser terrorista. El Islam te llama a la paz”, asegura.

Oleysa está comprometida con un ciudadano de Libia, uno de los países incluídos en el veto y aunque él vive en California su sueño es hacer una vida juntos, aún no saben en donde.

Para ella vivir en Nueva York definió parte de su identidad y afirma que aquí se siente menos rechazada que en su país pese a que allá la población musulmana es muy fuerte. Más de 20 millones según se registraba en el 2015.

“Un día en el metro, acá en Nueva York un hombre borracho me dijo que por qué no me iba a mi país. No le respondí pero pensé dentro de mí “si supiera que soy rusa y no de un país islámico y además que en mi país los ataques son más comunes que acá. Ahí está el estereotipo” concluye.

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About Author

Periodista colombiana. Durante más de tres años trabajó en las redacciones políticas de algunos de los medios más importantes de Colombia como El Tiempo y Colprensa. Actualmente vive entre Nueva York y Bogotá y es una de las creadoras de El Borde. Su trabajo es informar sobre los derechos humanos y hacer un periodismo con enfoque social y comunitario. “Este portal invita no solo a informarnos sino a cruzar nuestros límites mentales y las fronteras de la indiferencia”

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